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3/7/09

Sistema_nervioso_central Enfermedades Dismirilisantes








Esclerosis lateral amiotrófica


De Wikipedia, la enciclopedia libre
(Redirigido desde Esclerosis Lateral Amiotrófica)
Esclerosis lateral amiotrófica
Clasificación y recursos externos
CIE-10 G12.2
CIE-9 335.20
OMIM 105400
IIER 108
DiseasesDB 29148
Medline Buscar en Medline (en inglés)
MedlinePlus 000688
eMedicine neuro/14
Sinónimos Enfermedad de Lou Gehrig.
Enfermedad de Jean Martin Charcot.
Enfermedad de motoneurona.

La esclerosis lateral amiotrófica (abreviadamente, ELA) es una enfermedad degenerativa de tipo neuromuscular[1] por la cual las motoneuronas[2] disminuyen gradualmente su funcionamiento y mueren, provocando una parálisis muscular progresiva (de pronóstico mortal, pues en sus etapas avanzadas los pacientes sufren parálisis total) que se acompaña de una exaltación de los reflejos tendinosos[3] (resultado de la pérdida de los controles musculares inhibitorios).

El nombre de la enfermedad, descrita por primera vez en 1869 por Jean Martin Charcot (1825 - 1893), describe sus características principales:


* esclerosis lateral indica la pérdida de fibras nerviosas acompañada de una esclerosis (del griego σκλήρωσις, endurecimiento) o cicatrización glial en la zona lateral de la médula espinal, región ocupada por fibras o axones nerviosos que son responsables últimos del control de los movimientos voluntarios.
* amiotrófica (del griego, a-: negación; mio: músculo; trófico: nutrición), por su parte, señala la atrofia muscular que se produce por inactividad muscular crónica, al haber dejado los músculos de recibir señales nerviosas.

En la ELA, las funciones cerebrales no relacionadas con la actividad motora, esto es, la sensibilidad y la inteligencia, se mantienen inalteradas. Por otro lado, apenas resultan afectadas las motoneuronas que controlan los músculos extrínsecos del ojo, por lo que los enfermos conservan los movimientos oculares hasta el final. Igualmente, la ELA no daña el núcleo de Onuf, por lo que tampoco resultan afectados los músculos de los esfínteres que controlan la micción y defecación.

La enfermedad afecta, especialmente, a personas de edades comprendidas entre los 40 y 70 años, más frecuentemente en varones y entre los 60 y 69 años. Se producen unos dos casos por año y por 100,000 habitantes. Sin que se sepa la causa concreta, la ELA ha afectado también, en ocasiones, a grupos de personas: jugadores de fútbol italianos, veteranos de la guerra del golfo pérsico y habitantes de la isla de Guam.

La ELA se conoce también con el nombre de enfermedad de Lou Gehrig en Estados Unidos, Enfermedad de Jean Martin Charcot (*) en Francia o, genéricamente, EMN (Enfermedad de las motoneuronas). En el ámbito popular es conocida especialmente por ser la enfermedad padecida por el físico Stephen Hawking.

Se trata de una enfermedad tan frecuente como la esclerosis múltiple y más que la distrofia muscular.

http://enciclopedia.us.es/index.php/Sistema_nervioso_central



Enfermedades desmielinizantes


Son un grupo de enfermedades cuya principal manifestación es una lesión de la mielina del SNC con una relativa preservación de los axones neuronales.

* Esclerosis múltiple: trastorno caracterizado por episodios discretos de déficit neruológico recurrentes con desmielinización por mecanismos autoinmunes o inmunológicos. Aparece a cualquier edad, aunque es raro en la infancia o después de los 50 años, afectando a mujeres en una proporción 2:1 en relación a los hombres. La lesión se observa en el encéfalo y la médula espinal con un mucho mayor riesgo—hasta 15 veces más elevado—si hay antecedentes familiares. Esta posible suscceptibilidad genética parece favorecer una respuesta inmunológica inadecuada frente a infecciones virales. Las lesiones se caracterizan por infiltrados de células B, céluas T y macrófagos. Las regiones de desmielinización por lo general se encuentran en los ángulos de los ventrículos laterales, en los pedúnculos y el tronco del encéfalo, causando debilidad de los miembros, visión borrosa o pérdida de la visión unilateral, incoordinación y sensibilidad anormal.

* Enfermedad de Alzheimer: es la más frecuente de las enfermedades neurodegenerativas y la primera causa de demencia, de aparición esporádica, aunque entre un 5-10% son de carácter familiar y la incidencia aumenta con la edad, haciéndose mayor en personas de más de 85 años de edad. Se caracteriza por una falta de memoria progresiva por degeneración de la corteza, de asociación temporal y parietal causando también trastornos afectivos. El cerebro luce más pequeño y de menor peso con atrofia de las circunvoluciones y agrandamiento de los surcos en los hemisferios cerebrales y de los ventrículos compensando la pérdida encefálica. Bajo el microscopio se aprecia angiopatía amiloide cerebral, es decir depósitos en las arterias cerebrales de material amiloide, así como placas seniles que son colecciones focales esféricas de extensiones neuríticas dilatadas y tortuosas y nódulos u ovillos neurofibrilares con forma de llama que son haces de filamentos situados en el citoplasma de las neuronas que desplazan o rodean al núcleo celular.
* Parkinsonismo: pertenecen al grupo de enfermedades neurovegetativas que afectan a los ganglios basales produciendo un trastorno del movimiento, apreciándose rigidez y lentitud en los movimientos voluntarios (bradicinesia) y temblor de reposo. La gravedad de la enfermedad depende de la pérdida de las células nerviosas de la sustancia negra mesencefálica que contienen neuromelanina. Se aprecia una hipopigmentación de la sustancia negra y del locus ceruleus con células dopaminérgicas que contienen melanina. Las células supervivientes de la sustancia negra contienen inclusiones intracitoplasmáticas llamadas cuerpos de Lewy.

* Enfermedad de Huntington: un trastorno de movimientos de tipo coreiforme y demencia en pacientes entre 20-50 años con un factor genético de herencia autosómico dominante por un gen causante localizado en el brazo corto del cromosoma 4. Se atrofia el núcleo caudado y el putamen secundario a la pérdida celular y gliosis.


Enfermedades que provocan una pérdida de mielina, cubierta protectora y aislante que recubre los axones de las neuronas.
Puede afectar selectivamente a la mielina del sistema nervioso central, como ocurre en la esclerosis múltiple, o a la del sistema nervioso periférico, como el síndrome de Guillain-Barré, o bien de forma combinada, en todo el sistema nervioso.

SECCION 6 > TRASTORNOS DEL CEREBRO Y DEL SISTEMA NERVIOSO


CAPITULO 65

Debilidad muscular

La debilidad muscular es un problema corriente con diversos significados para distintas personas Para algunas, es sencillamente una sensación de cansancio o agotamiento.

Sin embargo, si existe una verdadera debilidad muscular, un gran esfuerzo no genera una fuerza normal y la debilidad puede afectar a todo el cuerpo o bien estar limitada a un brazo, una pierna o incluso a una mano o a un dedo. A pesar de que la debilidad suele ser consecuencia de problemas en los músculos, tendones, huesos o articulaciones, habitualmente la debilidad muscular es producida por alteraciones en el sistema nervioso. Algunos casos de debilidad siempre ocurren tras un período de enfermedad, apareciendo a menudo en las personas de edad avanzada (sarcopenia).

Diagnóstico

En la valoración de la debilidad muscular los médicos buscan señales que les permitan identificar la causa del problema y luego tratan de localizar cuáles son los músculos débiles y cuantificar el grado de esa debilidad. Los músculos se examinan de forma sistemática, comenzando generalmente por la cara y el cuello, a continuación los brazos y finalmente las piernas. En condiciones normales, la persona debería ser capaz de mantener los brazos extendidos durante algunos minutos sin que se produzca balanceo ni temblor en éstos. La incapacidad de mantener los brazos en esa posición puede ser un síntoma de debilidad. La fuerza de grupos musculares contra resistencia se valora empujando o estirando mientras el médico hace lo mismo en sentido contrario.

Las pruebas funcionales pueden proporcionar información sobre la debilidad muscular; para ello la persona realizará diversas maniobras mientras el médico toma nota de cualquier deficiencia que exista en los grupos musculares implicados. Por ejemplo, puede comprobar la habilidad de la persona para levantarse de la silla sin ayudarse con los brazos, levantarse estando en cuclillas, mantenerse sobre las puntas de los dedos de los pies o de los talones y asir un objeto con la mano.

Los médicos buscan indicios de desgaste muscular (atrofia), que puede ser consecuencia de lesiones en el propio músculo o en sus nervios, aunque también puede deberse a una atrofia por falta de uso, como sucede tras un prolongado período en cama. El aumento de la musculatura (hipertrofia) se produce normalmente con ejercicios como el levantamiento de pesas, pero a veces la hipertrofia es consecuencia del trabajo excesivo de un músculo en particular para compensar la debilidad de otro. Los músculos también pueden aumentar de volumen cuando el tejido muscular normal es sustituido por un tejido anormal, como ocurre en la amiloidosis y en ciertos trastornos musculares hereditarios como la miotonía congénita.

Durante la exploración, el médico, al palpar los músculos, indaga la presencia de dolor y la consistencia de los mismos. La musculatura en general es consistente pero no dura, y lisa, sin protuberancias. También es posible realizar una exploración para detectar movimientos anormales. Si se observan sacudidas breves, ligeras e irregulares bajo la piel (fasciculaciones), éstas suelen indicar una enfermedad de los nervios, aunque a veces aparecen también en personas sanas (especialmente las que están nerviosas o tienen frío) y son habituales en los músculos de las pantorrillas de los ancianos. La miotonía (incapacidad del músculo para relajarse) habitualmente denota un problema muscular más que de los nervios.

La exploración neurológica es útil para identificar anomalías de la sensibilidad, coordinación, movilidad motora y reflejos. Los estudios neurológicos (como la medición de la conducción nerviosa) son útiles para determinar la normalidad del funcionamiento de la inervación de los músculos.

La electromiografía es una prueba que registra los impulsos eléctricos del músculo y sirve para determinar su normalidad. Si hay alguna alteración de los músculos, la electromiografía puede ayudar a diferenciar si se trata de una anormalidad del nervio del músculo.

Si el problema radica en el propio músculo, el médico puede realizar una biopsia muscular (obtención de un pequeño fragmento de tejido muscular para su examen al microscopio). Los análisis de sangre pueden medir la velocidad de sedimentación de los glóbulos rojos (en caso de inflamación podría ser elevada) y la concentración de creatincinasa (una enzima muscular normal que puede salir del músculo y pasar a la sangre cuando existe una lesión muscular).


SECCION 6 > TRASTORNOS DEL CEREBRO Y DEL SISTEMA NERVIOSO

CAPITULO 66 http://www.msd.com.mx/publicaciones/mmerck_hogar/seccion_06/seccion_06_066.html

Distrofia muscular y trastornos afines

Las distrofias musculares son un grupo de trastornos musculares hereditarios que ocasionan debilidad de los músculos de gravedad variable. Otros trastornos hereditarios incluyen las miopatías miotónicas, las enfermedades por acumulación de glucógeno y la parálisis periódica.

Distrofias musculares de Duchenne y Becker

Las distrofias musculares de Duchenne y Becker son las enfermedades distróficas musculares más frecuentes, causando debilidad en los músculos próximos al torso.
El defecto genético de la distrofia de Duchenne es distinto del que causa la distrofia muscular de Becker, pero en ambos casos está afectado el mismo gen. El gen es recesivo y ligado al cromosoma X. Aunque la mujer sea portadora del gen anómalo, ella no padecerá la enfermedad porque el cromosoma X normal compensará la anomalía genética del otro cromosoma X anómalo. En cambio, cualquier varón que reciba el cromosoma X anómalo sufrirá la enfermedad.

Distrofia muscular
Las personas con distrofia muscular tienen dificultades para levantarse del asiento.

Los niños con la distrofia muscular de Duchenne tienen una falta casi total de un producto genético denominado distrofina, una proteína esencial para los músculos que es supuestamente responsable del mantenimiento de la estructura de las células musculares. La distrofia muscular de Duchenne afecta entre 20 y 30 niños de cada 100 000 nacimientos de varones. En cambio, los niños con la distrofia muscular de Becker producen distrofina, pero la proteína es más grande de lo normal y no funciona adecuadamente. Esta enfermedad afecta a 3 de cada 100 000 niños varones.

Síntomas

La distrofia muscular de Duchenne aparece típicamente en niños de 3 a 7 años, primero en forma de una debilidad muscular en la zona pelviana, y después en los hombros, afección que se agrava progresivamente. A medida que se debilitan, los músculos aumentan de tamaño, pero el tejido muscular es débil. En el 90 por ciento de los niños con este trastorno es frecuente un aumento de tamaño y una debilidad del músculo cardíaco, que causa problemas de la frecuencia cardíaca que se pueden registrar en un electrocardiograma.

Los niños afectados de distrofia de Duchenne tienen una marcha vacilante, caídas frecuentes y dificultad para ponerse de pie y subir escaleras. Los músculos de sus brazos y piernas suelen sufrir contracturas alrededor de las articulaciones, por lo que los codos y las rodillas no pueden extenderse totalmente. Por último, se produce una curvatura en la columna vertebral (escoliosis) y, en general, los niños afectados quedan confinados a una silla de ruedas a los 10 o 12 años de edad. La progresión de la debilidad les hace propensos a la pulmonía y otras enfermedades, y la mayoría muere antes de los 20 años de edad.

Aunque los síntomas son similares en ambos tipos de distrofia, los niños con la distrofia muscular de Becker tienen un pronóstico menos grave, apareciendo los síntomas iniciales hacia los 10 años de edad. A los 16 años muy pocos terminan en una silla de ruedas, y más del 90 por ciento están aún vivos a los 20 años de edad.

Diagnóstico

El médico sospecha una distrofia muscular si un niño joven manifiesta debilidad y si ésta es progresiva. Una enzima sérica (la creatincinasa) se escapa de las células musculares y su concentración en la sangre aumenta. Sin embargo, un aumento notable de la creatincinasa no significa necesariamente que la persona padezca una distrofia muscular, porque otras enfermedades musculares pueden aumentar los valores de esta enzima.

Para confirmar el diagnóstico es habitual que el médico practique una biopsia muscular (obtención de un pequeño fragmento del músculo para su examen al microscopio). La biopsia muscular pone de manifiesto la presencia de tejido muerto (necrosis) y un aumento en el tamaño de las fibras musculares; en las fases más avanzadas de la distrofia muscular, la grasa y otros tejidos reemplazan al tejido muscular necrosado. La distrofia muscular de Duchenne se diagnostica cuando unas pruebas especiales ponen de manifiesto unos valores extremadamente bajos de distrofina en el músculo. Las pruebas para confirmar el trastorno consisten en estudios eléctricos de la función muscular (electromiografía) y de la conducción de los nervios.

Tratamiento

Las distrofias musculares de Duchenne y de Becker no tienen curación aunque la fisioterapia y el ejercicio son útiles para prevenir la contractura muscular permanente alrededor de las articulaciones. En las formas con gran rigidez y dolor muscular a veces está indicada la cirugía.

Se está investigando la administración de prednisona, un fármaco corticosteroide, como un fármaco que puede mejorar temporalmente la debilidad muscular. También se está investigando la terapia genética, la cual facilitaría la producción de distrofina por parte de los músculos.

Las familias cuyos miembros padezcan la distrofia muscular de Duchenne o de Becker deben consultar a un genetista para valorar el riesgo de pasar a sus descendientes el rasgo de la distrofia muscular.

Otras distrofias musculares

Se trata de un grupo de trastornos musculares distróficos hereditarios mucho menos frecuentes que también causan una progresiva debilidad muscular.

La distrofia muscular de Landouzy-Déjerine se transmite a través de un gen autosómico dominante; por lo tanto, solamente un gen anormal es el responsable de la enfermedad, la cual puede observarse indistintamente en varones y mujeres. La distrofia muscular de Landouzy-Déjerine generalmente se inicia entre los 7 y los 20 años de edad. Se caracteriza por la afectación de los músculos faciales y de los hombros, por lo que el afectado experimenta dificultades para elevar los brazos, silbar y cerrar los ojos. En algunas personas con esta enfermedad se observa una debilidad en la musculatura de la tibia y el peroné, lo que dificulta flexionar (levantar) el pie por el tobillo, resultando en la dorsiflexión del pie y eversión (pie caído). La distrofia de Landouzy-Déjerine rara vez causa un debilitamiento grave y los afectados de esta enfermedad tienen una expectativa de vida normal.

Las distrofias musculares de cinturas causan debilidad de la cintura pélvica (distrofia muscular de Leyden-Möbius) o del hombro (distrofia muscular de Erb). Se trata de enfermedades hereditarias que generalmente aparecen en la edad adulta y rara vez producen una debilitamiento grave.

Las miopatías mitocondriales son trastornos musculares que se heredan a través de la madre cuando los genes anómalos de la mitocondria (que interviene en la energía celular) pasan al óvulo. Las mitocondrias tienen sus propios genes. Dado que los espermatozoides no aportan mitocondrias durante la fertilización, todos los genes mitocondriales provienen de la madre y por ello el trastorno nunca puede heredarse del padre. Estas raras enfermedades a veces producen una debilidad progresiva en un solo grupo muscular, como los músculos de los ojos (oftalmoplejía).

Diagnóstico
El diagnóstico requiere la obtención de una muestra del tejido afectado (biopsia muscular), que se examinará al microscopio, o la realización de pruebas bioquímicas. Desafortunadamente, no existe un tratamiento específico, por lo que conseguir un diagnóstico preciso de estas formas menos comunes de distrofia muscular no suele ser de gran utilidad.

Miopatía mitocondrial
Obsérvese la ptosis palpebral (caída de los párpados) y la oftalmopejía (compruébese en este caso la imposibilidad de realizar el movimiento con el ojo derecho al mirar hacia la derecha).

Miopatías miotónicas

Las miopatías miotónicas son un grupo de trastornos que se caracterizan por una relajación anormalmente lenta después de la contracción de un músculo, lo que posiblemente conduce a la debilidad, espasmos y acortamiento de los músculos (contracturas).

La distrofia miotónica (enfermedad de Steinert) es un trastorno autosómico dominante que afecta por igual a mujeres y varones. Esta enfermedad produce flaccidez, rigidez y contracturas musculares, especialmente en las manos.
También es frecuente la caída de los párpados. Los síntomas pueden aparecer a cualquier edad y su gravedad es variable, de leve a grave. Los casos graves presentan una pronunciada debilidad muscular asociada a otros síntomas como cataratas, atrofia testicular, calvicie prematura, arritmias cardíacas, diabetes y retraso mental. Las personas con una afectación grave suelen fallecer hacia los 50 años de edad.

La miotonía congénita (enfermedad de Thomsen) es un trastorno infrecuente autosómico dominante que afecta por igual a varones y mujeres y que suele iniciarse en la infancia. Las manos, las piernas y los párpados se vuelven muy rígidos debido a una incapacidad de relajar los músculos; sin embargo, la debilidad suele ser mínima. El diagnóstico se establece por el aspecto físico característico del niño, por la incapacidad para relajar la mano una vez que la ha abierto y cerrado varias veces seguidas y por la contracción muscular persistente cuando el médico percute directamente el músculo. Para confirmar el diagnóstico se requiere un electromiograma. La enfermedad de Thomsen se trata con fenitoína, sulfato de quinina, procainamida o nifedipina para reducir la rigidez y los espasmos musculares, pero todos estos fármacos tienen efectos secundarios adversos. Pueden ser útiles los ejercicios practicados con regularidad. Las personas afectadas por la enfermedad de Thomsen tienen una expectativa normal de vida.

Enfermedades por acumulación de glucógeno

Las enfermedades por acumulación de glucógeno son un grupo de enfermedades autosómicas recesivas hereditarias poco frecuentes caracterizadas por la acumulación anormal de glucógeno (un almidón) en los músculos porque éstos no pueden metabolizar los azúcares normalmente.

La forma más grave de la enfermedad por acumulación de glucógeno es la enfermedad de Pompe, que se manifiesta en el primer año de vida. El glucógeno se acumula en el hígado, los músculos, los nervios y el tejido cardíaco, impidiendo su funcionamiento adecuado. La lengua, el corazón y el hígado aumentan de tamaño. Los niños afectados tienen una musculatura fláccida y se debilitan progresivamente, experimentando dificultades para deglutir y respirar. No existe tratamiento para la enfermedad de Pompe y la mayoría de los niños afectados fallece antes de los 2 años de edad. Existen formas menos graves de enfermedad de Pompe que pueden afectar a niños mayores y adultos; suelen cursar con debilidad de las extremidades y dificultades respiratorias.

En personas con otras formas de la enfermedad por acumulación de glucógeno aparecen, después del ejercicio, espasmos musculares dolorosos seguidos de debilidad. Los síntomas son variables, de ligeramente moderados a graves, y pueden reducirse evitando el ejercicio.

El daño muscular produce la liberación a la sangre de una proteína denominada mioglobina. Puesto que la mioglobina es excretada por la orina, un análisis de la misma puede detectar esta proteína y ayudar a establecer el diagnóstico de una enfermedad por acumulación de glucógeno. La mioglobina puede lesionar los riñones, por lo que es importante limitar el ejercicio para disminuir su eliminación. La ingesta de abundantes líquidos después del ejercicio puede también diluir la concentración de mioglobina en sangre y orina. Cuando los valores de mioglobina son altos el médico puede prescribir diuréticos para prevenir una lesión del riñón. Por otro lado, el trasplante de hígado puede ser útil en personas con enfermedades por acumulación de glucógeno, excepto en los casos de enfermedad de Pompe.

Parálisis periódica

La parálisis periódica es un grupo infrecuente de trastornos autosómicos hereditarios de transmisión dominante que se caracterizan por episodios repentinos de debilidad y parálisis.

Durante una crisis de parálisis periódica los músculos no responden a los impulsos nerviosos normales ni siquiera con la estimulación artificial con un instrumento eléctrico. Los episodios difieren de las convulsiones porque el nivel de consciencia no se altera. La forma como se presenta la enfermedad es variable según las familias. En algunas familias la parálisis se asocia a concentraciones elevadas de potasio en sangre (hiperpotasemia); en otras, con una baja concentración del mismo (hipopotasemia).

Síntomas
El día posterior a un ejercicio intenso la persona suele despertarse con una sensación de debilidad. Puede ser leve y estar limitada a ciertos grupos musculares o afectar a las cuatro extremidades. Esta debilidad dura uno o dos días. En la forma hiperpotasémica, las crisis se inician a menudo hacia los 10 años de edad y la duración es de 30 minutos a 4 horas. En la forma hipopotasémica, los episodios se inician generalmente a partir de los 20 años y sobre todo alrededor de los 30 años de edad. En esta forma los ataques son de mayor duración y más graves. Algunas personas con la forma hipopotasémica son propensas a sufrir una crisis de parálisis al día siguiente de la ingesta de alimentos ricos en hidratos de carbono, aunque el ayuno también suele precipitar el episodio.

Diagnóstico

El dato más importante para el médico es la descripción de un episodio típico. A ser posible, el médico extrae sangre durante una crisis para comprobar la concentración de potasio. Es habitual que el médico compruebe la función de la glándula tiroides y que realice pruebas complementarios para verificar que los valores anormales de potasio no sean consecuencia de otras causas.

Prevención y tratamiento

La acetazolamida, un fármaco que altera la acidez de la sangre, puede prevenir las crisis tanto hiperpotasémicas como hipopotasémicas. Las personas que tienen hipopotasemia durante la crisis pueden tomar cloruro potásico en una solución no azucarada tan pronto noten la aparición del episodio. Los síntomas suelen mejorar mucho en una hora.

Las personas con una parálisis periódica hipopotasémica deberán evitar los alimentos ricos en hidratos de carbono y el ejercicio intenso. Los que tienen la forma hiperpotasémica pueden prevenir las crisis con la ingesta frecuente de alimentos ricos en hidratos de carbono y pobres en potasio.

CAPITULO 69

Trastornos de la médula espinal




La médula espinal, la principal vía de comunicación entre el cerebro y el resto del organismo, es una estructura cilíndrica de nervios que se extiende desde la base del cerebro en dirección descendente para terminar en las primeras vértebras lumbares. La médula está protegida por las vértebras de la columna vertebral. Los tractos ascendentes y descendentes de las fibras nerviosas de la médula espinal pasan a través de las aberturas entre cada vértebra.

La médula espinal está muy organizada; los nervios están ordenados en fascículos y no al azar. La parte anterior de la médula espinal contiene los nervios motores, que transmiten información a los músculos y estimulan el movimiento. La parte posterior y lateral de la médula espinal contiene los nervios sensitivos, que llevan la información sensorial al cerebro acerca del tacto, la posición, el dolor, el calor y el frío.

La médula espinal puede resultar lesionada de muchas maneras, produciendo diversos patrones de síntomas; estos patrones permiten que el médico pueda determinar la localización (nivel) del daño espinal. Las lesiones de la médula espinal pueden ser consecuencia de una sección de la misma ocurrida durante un accidente, una compresión o una infección. Puede sufrir daños cuando se interrumpe el flujo sanguíneo o por enfermedades que alteran la función nerviosa (como quistes de médula espinal, espondilosis cervical o esclerosis múltiple).

Lesiones debidas a accidentes

Cuando la médula espinal resulta afectada por un accidente, la pérdida de la función neurológica puede ser parcial o total y producirse en cualquier parte del organismo en el nivel por debajo de la lesión. Por ejemplo, un trauma medular grave en medio de la espalda puede paralizar las piernas, pero se preservará el funcionamiento normal de los brazos. Además, puede experimentarse dolor en el nivel de la lesión o por encima de ésta, especialmente cuando se han afectado las vértebras.

Pueden permanecer intactos algunos movimientos reflejos que no estén controlados por el cerebro o incluso puede producirse un aumento de los reflejos por debajo del nivel de la lesión. Por ejemplo, se mantiene, e incluso puede exagerarse, el reflejo rotuliano (la parte inferior de la pierna se flexiona cuando el tendón situado debajo de la rótula se golpea suavemente con un martillo de goma). La exageración de los reflejos produce espasmos en las piernas. Los reflejos que se preservan son los responsables de que se desarrolle una rigidez muscular que conduce a un tipo de parálisis espástica. Los músculos espásticos se notan rígidos y duros, con sensación de pinchazos esporádicos y sacudidas espasmódicas en las piernas.

La recuperación del movimiento o de la sensibilidad durante la semana siguiente al traumatismo suele anunciar una recuperación favorable, pero cualquier disfunción que persista después de 6 meses es probable que sea permanente. Una vez que se han destruido los nervios espinales, la disfunción será permanente.

Tratamiento

El primer objetivo es prevenir daños adicionales. El personal de urgencias tiene sumo cuidado al mover cualquier accidentado en el que se sospeche la existencia de una lesión medular. Se debe mover a la persona en bloque y transportarla sobre una tabla plana, utilizando almohadillas para estabilizar su posición. Cuando existe una lesión medular, cualquier presión, por leve que sea, que condiciona una alineación inadecuada de la columna, puede aumentar la posibilidad de una parálisis permanente.

Los médicos suelen administrar de inmediato corticosteroides como la prednisona para prevenir la hinchazón alrededor de la lesión. Los relajantes musculares y los analgésicos pueden ser eficaces para reducir los espasmos. En caso de una fractura de la columna vertebral u otro tipo de lesión, un cirujano puede implantar piezas metálicas para estabilizar la zona ósea dañada y evitar que se produzcan daños adicionales. El neurocirujano extrae cualquier acumulación de sangre en la médula espinal.

El cuidado por parte del personal de enfermería mientras se restablece la médula espinal es de suma importancia a fin de prevenir las complicaciones que puedan aparecer a causa de la debilidad o la parálisis. Las personas con lesiones de la médula espinal son especialmente proclives a presentar úlceras causadas por la prolongada permanencia en cama. Existen camas especiales que reducen la presión sobre la piel y, cuando es necesario, pueden utilizarse otras camas mecanizadas que cambian la presión de arriba abajo y de lado a lado, ya que disponen de un mecanismo que permite modificar su inclinación (aparato de Stryker).

La asistencia emocional de un individuo con una lesión de la médula espinal está dirigida a combatir la despersonalización que puede producirse después de la pérdida extensa de funciones corporales. La persona afectada desea conocer exactamente lo que ha sucedido y qué puede esperar de forma inmediata y en un futuro. La fisioterapia y la terapia ocupacional pueden ser útiles para preservar la función muscular y enseñar técnicas especiales para compensar la pérdida funcional. En general, las personas se sienten mejor si se les muestra comprensión por las emociones que experimentan, si se ven al cuidado de personal de enfermería experto y si se les ofrece consejo psicológico. Los familiares y amigos íntimos también pueden necesitar que se les aconseje.

Cuál es el área lesionada de la columna vertebral
La columna vertebral está dividida en 4 áreas: cervical (cuello), torácica (pecho), lumbar (parte baja de la espalda) y sacro (coxis). Cada área se designa con una letra (C, T, L o S). Las vértebras dentro de cada área de la columna se numeran empezando por arriba. Por ejemplo, la primera vértebra dentro de la columna cervical se designa C1, la segunda dentro de la columna cervical C2, la segunda dentro de la columna torácica T2, la cuarta dentro de la columna lumbar L4, y así sucesivamente.
Los nervios salen de la columna vertebral y se dirigen hacia áreas específicas del cuerpo. Al detectar dónde la persona experimenta debilidad, parálisis o pérdida de función (y por ende, lesión nerviosa) el médico puede buscar y encontrar el lugar exacto de la lesión de la columna.

Compresión de la médula espinal

Normalmente la médula espinal está protegida por la columna vertebral, pero ciertas enfermedades pueden comprimirla y alterar su función normal. La compresión medular puede ser de origen traumático (por rotura de una vértebra u otro hueso de la columna, o por rotura de uno o más de los discos cartilaginosos intervertebrales), infeccioso (absceso medular) o tumoral vertebral (un tumor en la médula espinal o en la columna). La causa de la compresión medular repentina se debe generalmente a un traumatismo o a una hemorragia, pero también puede ser consecuencia de una infección o de un tumor. También puede producirse una compresión a causa de un vaso sanguíneo anormal (malformación arteriovenosa).

Si la compresión es muy intensa, pueden quedar completamente bloqueadas las señales de los tractos nerviosos ascendentes y descendentes. Si la compresión es menos grave, puede producir la disfunción de sólo algunas de estas señales. La función neurológica puede restablecerse por completo si la lesión se detecta pronto y se trata antes de que los nervios se destruyan.

Síntomas

El área medular lesionada determinará las funciones sensitivas y motoras afectadas. Lo más probable es que por debajo del nivel de la lesión se desarrolle debilidad o parálisis, y una disminución o una pérdida completa de la sensibilidad.

Un tumor o una infección dentro de la médula espinal o alrededor de la misma ejercerá una presión creciente en ella, produciendo dolor y sensibilidad en el lugar de la compresión, así como debilidad y cambios sensitivos A medida que la compresión empeora, el dolor y la debilidad evolucionan hacia la parálisis y la pérdida de sensibilidad, todo ello en el transcurso de días o semanas. Sin embargo, si se interrumpe el flujo sanguíneo a la médula puede producirse parálisis y pérdida de sensibilidad en cuestión de minutos. La compresión medular que se produce más lentamente a menudo se debe a anomalías en los huesos a causa de una artrosis o de tumores de muy lento crecimiento; la persona afectada puede que no tenga dolor, y a lo largo de los meses aparecen trastornos sensitivos (por ejemplo, hormigueo) y debilidad progresiva.

Diagnóstico

Gracias a la organización específica de los nervios de la médula espinal, los médicos pueden determinar cuál es la zona afectada mediante la evaluación de los síntomas y la exploración física. Por ejemplo, una afectación medular hacia la mitad del tórax puede producir debilidad motora y entumecimientos en una pierna pero no en el brazo y, además, puede afectar a la función de la vejiga urinaria y de los intestinos. La persona puede tener una sensación de malestar en forma de cinturón a la altura de la lesión medular.

Imagen de compresión de la médula espinal por un tumor

La tomografía computadorizada (TC) o la resonancia magnética (RM) suelen poner de manifiesto la localización de la compresión e incluso pueden indicar su causa. También se puede realizar una mielografía para determinar, mediante la inyección de un material de contraste y posterior estudio radiológico, dónde se encuentra la parte comprimida, puesto que el contraste se ve comprimido o pellizcado. Esta prueba es algo más compleja que la TC o la RM y también más incómoda, pero es la de mayor precisión cuando todavía existen dudas después de los resultados de estas exploraciones.

La TC y la RM pueden poner de manifiesto cualquier fractura, colapso o dislocación de una vértebra, una rotura del disco intervertebral, un crecimiento óseo, una hemorragia, un absceso o un tumor. En ocasiones, es necesario realizar más pruebas. Por ejemplo, si se detecta un crecimiento óseo anormal, será necesaria una biopsia para determinar si se trata de un cáncer.

Tratamiento

El tratamiento de la compresión medular depende de su causa, pero siempre que sea posible debe descomprimirse la médula de inmediato, porque de lo contrario puede sufrir un daño permanente. A menudo debe efectuarse una descompresión quirúrgica, aunque la radioterapia puede también ser eficaz para tratar la compresión causada por tumores. Con frecuencia se administran corticosteroides como la dexametasona para ayudar a reducir la hinchazón de dentro o de alrededor de la médula que pueda contribuir a la compresión.

La compresión medular causada por una infección se trata inmediatamente con antibióticos. El médico, habitualmente un neurocirujano, procede a vaciar (drenar) la parte infectada llena de pus (absceso) con una jeringa.


Dermatomas
Los dermatomas son áreas de la piel inervadas por fibras provenientes de una sola raíz nerviosa. Hay 8 raíces nerviosas para las 7 vértebras cervicales; por otro lado, cada una de las 12 vértebras torácicas, de las 5 lumbares y de las 5 sacras tienen una sola raíz nerviosa espinal que inervan áreas específicas de la piel. La ilustración muestra cómo los nervios inervan diferentes áreas. Por ejemplo, un nervio procedente de la quinta vértebra lumbar (L5) inerva una franja de piel de la parte baja de la espalda, el exterior del muslo, el interior de la pierna y el talón.

Espondilosis cervical

La espondilosis cervical es una enfermedad que afecta a los adultos de mediana y avanzada edad que presentan una degeneración de las vértebras y de los discos intervertebrales del cuello.

Síntomas

La espondilosis cervical produce un estrechamiento del canal espinal del cuello (el canal que contiene la médula espinal) y comprime la médula espinal o las raíces nerviosas espinales, ocasionando su disfunción. Los síntomas pueden ser consecuencia tanto de una compresión medular como del daño en las raíces nerviosas. El primer síntoma de la compresión de la médula espinal suele ser un cambio en la marcha. Los movimientos de las piernas pueden llegar a ser sacudidas (espásticos) y la deambulación se vuelve inestable. Puede doler el cuello, especialmente si las raíces nerviosas están afectadas. Antes o después de los síntomas de compresión medular puede desarrollarse debilidad y atrofia muscular (adelgazamiento de los músculos) en uno o ambos brazos.

Diagnóstico y tratamiento

Cuando el médico sospecha una espondilosis cervical, la resonancia magnética (RM) es útil para mostrar dónde se produce el estrechamiento del canal espinal, el grado de compresión y la distribución de las raíces nerviosas afectadas.

La disfunción de la médula espinal producida por la espondilosis cervical puede mejorar o estabilizarse sin tratamiento, pero también puede empeorar. Inicialmente el médico podrá abordar el tratamiento con un collarín blando, tracción cervical, antiinflamatorios, analgesia y relajantes musculares. La cirugía estará indicada para evitar que los síntomas evolucionen cuando el trastorno se agudice o en caso de que la RM muestre una compresión grave. Como norma, la cirugía no mejora las alteraciones irreversibles porque ya están permanentemente afectados algunos de los nervios espinales.

Quistes de la médula espinal y del cerebro

Un quiste (siringe) es un saco lleno de líquido en el interior del cerebro (siringobulbia) o de la médula espinal (siringomielia).

Los quistes de la médula espinal y del cerebro son raros. Aproximadamente el 50 por ciento de las lesiones son congénitas pero, por razones desconocidas, no crecen hasta la adolescencia o los primeros años de la edad adulta. Los niños con quistes de nacimiento a menudo manifiestan también otras anomalías. En las etapas más tardías de la vida, los quistes suelen ser secundarios a tumores o a traumatismos.

Síntomas

Los quistes que crecen dentro de la médula espinal originan un efecto de presión sobre la misma. Con frecuencia se inician en el área cervical, pero pueden producirse prácticamente en cualquier punto de la médula espinal y a menudo crecen hasta implicar un largo segmento de ésta. Habitualmente los nervios más afectados son los que detectan el dolor y la temperatura. Las quemaduras y los cortes en los dedos son frecuentes en las personas con este tipo de afectación nerviosa porque puede que no sientan el dolor ni el calor. A medida que los quistes se hacen más grandes, pueden provocar espasmos y debilidad que suele empezar por las piernas. Finalmente, los músculos que dependen de los nervios afectados pueden empezar a adelgazar hasta atrofiarse.

Diagnóstico y tratamiento

El médico puede sospechar un quiste medular cuando un niño o un adolescente manifiestan los síntomas descritos anteriormente. La imagen observada en la resonancia magnética (RM) puede poner de manifiesto el quiste (o la existencia de un tumor). Si no se dispone de la RM, el médico podrá establecer el diagnóstico a partir de una mielografía, seguido de una tomografía computadorizada (TC).

Para prevenir un deterioro mayor, un neurocirujano puede hacer un drenaje quirúrgico de los quistes, aunque la cirugía no siempre soluciona el problema. Si el deterioro neurológico es grave, puede que no se resuelva, a pesar del éxito de la cirugía.

Mielitis transversa aguda

En la mielitis transversa aguda la conducción de los impulsos nerviosos ascendentes y descendentes resulta totalmente bloqueada en uno o más segmentos.

La causa de la mielitis transversa aguda se desconoce, pero alrededor del 30 al 40 por ciento de los casos aparecen tras enfermedades víricas inespecíficas. Este síndrome puede manifestarse en personas con esclerosis múltiple o ciertas infecciones bacterianas y en adictas a drogas por vía intravenosa, como la heroína o las anfetaminas. Las investigaciones sugieren que la mielitis transversa aguda es una reacción alérgica frente a estas situaciones.

Síntomas

La mielitis transversa aguda habitualmente se inicia con dolor súbito, localizado en la espalda, seguido de adormecimiento y debilidad motora que ascienden desde los pies. Estos trastornos pueden avanzar a lo largo de varios días y, si son graves, pueden acabar en una parálisis sensitivomotora y pérdida del control intestinal y de la vejiga urinaria. Según que la obstrucción se localice en la parte alta o en la parte baja de la médula espinal, los efectos serán más o menos graves.

Diagnóstico y tratamiento

Estos síntomas neurológicos tan graves sugieren al médico un amplio abanico de posibles enfermedades. Para ir descartando posibilidades, el médico puede realizar varias pruebas, como una punción lumbar (extracción de líquido cefalorraquídeo para su examen), una tomografía computadorizada (TC), una resonancia magnética (RM) o bien una mielografía, al igual que determinados análisis de sangre.

Ningún tratamiento ha resultado ser eficaz, pero los corticosteroides a dosis altas (como la prednisona) pueden controlar lo que se supone se trata de una reacción alérgica. En general las personas con mielitis transversa aguda se recuperan por lo menos parcialmente, aunque en muchas persisten la debilidad motora y el entumecimiento.

Interrupción de la circulación sanguínea


Al igual que todos los tejidos vivos, la médula espinal requiere un aporte constante de sangre oxigenada. La irrigación de la médula espinal es muy rica, por lo que es muy raro que la circulación sanguínea llegue a ser insuficiente. Sin embargo, un tumor, una rotura de un disco intervertebral (hernia) u otras causas pueden, en casos excepcionales, comprimir los vasos arteriales o venosos y obstruir la circulación sanguínea. En contadas ocasiones, la aterosclerosis o un coágulo pueden causar una oclusión de los vasos sanguíneos. La parte superior del tórax es el área más vulnerable a la falta de irrigación sanguínea.

Síntomas

La oclusión de los vasos que irrigan la cara anterior de la médula espinal habitualmente ocasiona un dolor súbito en la espalda. El dolor está seguido de debilidad y de una pérdida de la sensibilidad (a la temperatura o al dolor) por debajo del nivel de la oclusión del vaso sanguíneo. Los síntomas son más intensos durante los primeros días y la recuperación puede resolverse parcialmente con el paso del tiempo. Si no resulta afectada la circulación del tracto posterior de la médula, es probable que estén preservadas las facultades controladas por esa parte, como la sensibilidad al tacto y a las vibraciones y el sentido de la posición (apreciación de la localización de las piernas y de los pies sin necesidad de mirar).

Diagnóstico y tratamiento

Para distinguir las posibles causas, el médico lleva a cabo una resonancia magnética o una mielografía. Junto con la mielografía, o en el caso de que la RM sea normal, el médico practicará una punción lumbar para comprobar la presión del líquido cefalorraquídeo y para detectar anormalidades en los valores de proteínas y de otras sustancias. El restablecimiento de la irrigación no será posible a menos que la compresión de los vasos sea consecuencia de una hernia discal y que ésta pueda repararse quirúrgicamente. Es probable que se consiga una recuperación parcial si la circulación se restablece rápidamente, pero, en cambio, la recuperación total es muy rara.

Hematoma espinal

Un hematoma espinal es consecuencia de una hemorragia alrededor de la médula espinal que la comprime.

Un hematoma puede ser consecuencia de una lesión en la espalda, de un vaso sanguíneo anormal (malformación arteriovenosa) o de la toma de anticoagulantes por tener tendencia a sangrar.

Síntomas

El hematoma suele causar dolor de aparición súbita seguido de debilidad y pérdida sensitiva por debajo del área medular afectada. Estos trastornos pueden evolucionar hacia una parálisis total en minutos u horas, aunque en algunas personas pueden desaparecer espontáneamente. En ocasiones, la sangre asciende hacia el cerebro, lo que produce alteraciones aún más graves; cuando ello sucede, es posible que se produzca el coma e incluso la muerte si el hematoma alcanza la parte superior de la médula espinal e interfiere con la función respiratoria.

Diagnóstico y tratamiento

El médico puede establecer un diagnóstico aproximado (de presunción) en función de los síntomas y generalmente lo confirma con una resonancia magnética (RM), aunque a veces utiliza una tomografía computadorizada (TC) o la mielografía. La extracción inmediata de la sangre acumulada puede evitar una lesión permanente de la médula espinal. La malformación arteriovenosa puede a veces corregirse con el empleo de técnicas microquirúrgicas. En las personas que toman anticoagulantes o que tienen tendencia a las hemorragias, se administran fármacos para suprimir o reducir dicha tendencia.

Trastornos de las raíces nerviosas

Las raíces nerviosas se originan en la médula espinal y son las estructuras que reciben y emiten los impulsos de casi todo el cuerpo. Estas raíces nerviosas salen de la médula espinal a través de los orificios intervertebrales y cada una de ellas lleva la información o la sensibilidad a un área en particular del organismo. Las raíces nerviosas están organizadas en pares: los nervios motores, que salen de la cara anterior de la médula espinal y estimulan los músculos, y los nervios sensitivos, que salen de la cara posterior de la médula espinal y llevan la información de las sensibilidades al cerebro.

Causas

Una de las causas más frecuentes de lesiones de las raíces nerviosas es una hernia del disco intervertebral. Las raíces nerviosas pueden sufrir lesiones como consecuencia del aplastamiento (colapso) de una vértebra que suele producirse cuando los huesos se debilitan debido al cáncer, a la osteoporosis o a una lesión grave. Otra de las causas frecuentes es la artrosis (afección articular de naturaleza degenerativa), un trastorno que produce crecimientos irregulares del hueso (espolones u osteofitos) que comprimen las raíces nerviosas. Como consecuencia de ello, las personas de edad avanzada pueden presentar un estrechamiento del canal vertebral que reduce el espacio disponible para la médula espinal (estenosis vertebral). Aunque con menor frecuencia, los tumores medulares o ciertas infecciones (como la meningitis o el herpes zoster) también pueden afectar a las raíces nerviosas.

Síntomas

Una lesión de una vértebra o de los discos intervertebrales suele presionar las raíces nerviosas. La presión ocasiona dolor, que generalmente empeora cuando la persona mueve la espalda, y puede aumentar con algunas maniobras como la tos, los estornudos o el esfuerzo (por ejemplo, al defecar). Si están comprimidas las raíces lumbares (parte baja de la espalda), el dolor puede producirse sólo en la zona lumbar o bien puede desplazarse a través del nervio ciático a las nalgas, al muslo, la pantorrilla y los pies. Este dolor se conoce como ciática.

Si la presión es grave, los nervios no pueden transmitir ni recibir señales a o de los músculos inervados, y con el tiempo se producirá debilidad y trastornos sensitivos. A veces se altera la capacidad de orinar y el control de las deposiciones. Cuando las raíces del cuello están afectadas, el dolor puede llegar hasta el hombro, el brazo, la mano o la nuca.

Diagnóstico

Debe pensarse en la posibilidad de una lesión de las raíces cuando la persona experimenta dolor, pérdida de sensibilidad o debilidad en un segmento específico del cuerpo inervado por una sola raíz nerviosa. El médico puede deducir cuál es la raíz afectada según el nivel de dolor o de insensibilidad. Durante la exploración física el médico toma nota de cualquier dolorimiento que experimente el afectado en el área de la columna vertebral. Las radiografías pueden mostrar si las vértebras han sufrido adelgazamiento, lesiones o si están mal alineadas. La tomografía computadorizada (TC) o la resonancia magnética (RM) definen con más detalle qué es lo que ocurre dentro y alrededor de la médula espinal. Si no se dispone de RM, puede realizarse una mielografía para delimitar las anomalías. Pueden ser necesarias otras pruebas complementarias, especialmente las que miden la actividad eléctrica en los nervios y en los músculos.

Tratamiento

El tratamiento de los trastornos de las raíces nerviosas depende de la causa y gravedad de los mismos. Cuando se trata de un colapso de una vértebra como consecuencia de la osteoporosis se puede hacer bien poco, excepto sujetar la espalda con un corsé para limitar el movimiento. En cambio, cuando la causa se debe a una hernia del disco intervertebral se dispone de un tratamiento específico. Las infecciones se tratan inmediatamente con antibióticos y, en caso de abscesos, es habitual que se proceda al drenaje inmediato. Para los tumores medulares están indicadas la cirugía, la radioterapia o ambas.

Los analgésicos son útiles para controlar el dolor, cualquiera que sea la causa. También se utilizan los relajantes musculares, aunque no se haya demostrado su eficacia. Sus efectos secundarios pueden superar a los beneficios, especialmente en las personas de edad avanzada.

Hernia discal

Las vértebras están separadas por unos discos cartilaginosos y cada disco está formado por un anillo fibroso externo y una parte interna blanda (núcleo pulposo) que actúa como amortiguador durante el movimiento de las vértebras. Si un disco degenera (por ejemplo a raíz de un traumatismo o por el envejecimiento) su parte interna puede protruir o romperse y salir a través del anillo fibroso (hernia discal). La parte interna del disco puede comprimir o irritar la raíz nerviosa e incluso puede lesionarla.


Hernia discal


Cuando se rompe un disco en la columna vertebral, el material blando de su interior se escapa a través de un área débil de la capa exterior, que es dura. La rotura de un disco causa dolor y, a veces, lesiona los nervios.

Síntomas

La localización de la hernia discal determinará la zona en que la persona sentirá dolor, trastornos sensitivos o debilidad. La gravedad de la compresión o de la lesión de la raíz determina la intensidad del dolor o de los otros síntomas.

En general las hernias discales se producen en la zona baja de la espalda (columna lumbar) y suelen afectar tan sólo a una pierna. Tales hernias pueden producir no sólo dolor lumbar sino también a lo largo del nervio ciático, cuyo trayecto va de la columna a las nalgas, piernas y talón (dolor ciático). Las hernias discales en la zona lumbar suelen causar también debilidad en las piernas y por ello la persona puede experimentar mucha dificultad en levantar la parte anterior del pie (tienen el llamado pie caído). Una hernia discal de gran tamaño localizada en el centro de la columna suele afectar a los nervios que controlan la función intestinal y de la vejiga urinaria, alterando la capacidad de defecar u orinar. Estos trastornos ponen de manifiesto una situación que requiere una asistencia médica urgente.

El dolor de una hernia discal suele empeorar con el movimiento y puede exacerbarse con la tos, la risa, la micción o el esfuerzo de defecación. Puede aparecer entumecimiento y hormigueo en las piernas y pies y en los dedos de los pies. Los síntomas pueden iniciarse de modo súbito, desaparecer de forma espontánea y reaparecer a intervalos, o bien pueden ser constantes y de larga duración.

El cuello (columna cervical) es el segundo punto de mayor incidencia de las hernias discales. Los síntomas suelen afectar tan sólo a un brazo. Cuando se produce una hernia de un disco cervical, la persona suele experimentar dolores que a menudo se localizan en el omóplato y la axila o en la eminencia del trapecio y el extremo del hombro, irradiando por el brazo hacia uno o dos dedos. Los músculos del brazo pueden debilitarse; con menos frecuencia, se afecta al movimiento de los dedos.

Diagnóstico

Los síntomas ayudan al médico a establecer el diagnóstico. Durante la exploración física, el médico busca áreas de dolorimiento y de alteraciones de la sensibilidad en la columna, y analiza la coordinación, el tono muscular y los reflejos (por ejemplo, el rotuliano). Utilizando un procedimiento que consiste en hacer que el paciente levante la pierna manteniéndola estirada sin flexionar la rodilla, el médico determinará en qué posición empeora el dolor. También valorará el tono muscular del recto introduciendo un dedo en él. La debilidad de los músculos de alrededor del ano junto a retención o incontinencia urinarias constituyen síntomas particularmente graves que requieren un tratamiento urgente.

Las radiografías de la columna vertebral pueden mostrar la reducción del espacio del disco, pero la tomografía computadorizada (TC) y la resonancia magnética (RM) son las pruebas que mejor identifican el problema. La mielografía puede resultar eficaz, pero en general ha sido sustituida por la RM.

Tratamiento

Salvo que la pérdida de la función nerviosa sea progresiva y grave, la mayoría de personas con una hernia discal en la zona lumbar se recupera sin necesidad de cirugía. El dolor suele remitir cuando la persona afectada se encuentra relajada en su hogar; en algunos casos raros, deben guardar cama durante algunos días. En general deben evitarse las actividades que requieran un esfuerzo de la columna y que causen dolor (por ejemplo, levantar objetos pesados, agacharse o hacer esfuerzos). La tracción no tiene efectos beneficiosos para la mayoría de la gente. Para dormir es útil un colchón consistente sobre un soporte rígido.

Muchas personas encuentran alivio modificando ciertas costumbres para dormir (por ejemplo, utilizar una almohada bajo la cintura y otra bajo el hombro puede beneficiar a las personas que duermen de lado; para las que lo hacen de espaldas, puede ser útil una almohada bajo las rodillas).

La aspirina y otros antiinflamatorios no esteroideos suelen calmar el dolor y los analgésicos opiáceos se usan en caso de dolor muy intenso. Algunas personas confían en los relajantes musculares, aunque su eficacia no ha sido demostrada. Las personas de edad avanzada son especialmente propensas a los efectos secundarios de los relajantes musculares.

Para reducir la espasticidad muscular y el dolor y también para lograr la recuperación con mayor rapidez, a menudo se recomienda realizar ejercicios. La columna vertebral normal presenta una curvatura hacia delante en el cuello y otra en la parte baja de la espalda. El aplanamiento de estas curvaturas, o incluso su inversión arqueando la espalda, puede aumentar el espacio para los nervios espinales y aliviar la presión del disco herniado. Los ejercicios que suelen ayudar son los que consisten en mantener la espalda recta contra una pared o el suelo, extraer y flexionar las rodillas alternativamente o ambas a la vez hasta tocar el pecho y hacer abdominales y flexiones profundas. Estos ejercicios pueden practicarse en series de 10 entre 2 a 3 veces al día. Es probable que el médico disponga de un folleto explicativo. Además, el fisioterapeuta puede hacer una demostración de los ejercicios y aconsejar un programa a medida de las necesidades de cada persona.

Las medidas posturales pueden promover cambios beneficiosos para la curvatura de la espalda, Por ejemplo, cuando una persona está sentada, puede mover la silla hacia delante con el fin de mantener la espalda recta, o puede utilizar un taburete para mantener las rodillas dobladas y la columna recta.

Si los síntomas neurológicos se agudizan, por ejemplo, si la persona experimenta debilidad y pérdida de sensibilidad o dolor grave y persistente, puede considerarse la cirugía. En general, los casos de incontinencia urinaria e intestinal requieren una intervención quirúrgica inmediata. Lo más habitual es que se extirpe el disco herniado. Ello se realiza, cada vez más, a través de una pequeña incisión, utilizando técnicas de microcirugía. Disolver la hernia discal mediante inyecciones locales de sustancias químicas parece resultar menos eficaz que los demás procedimientos e incluso puede ser peligroso.

Si la hernia se produce en la columna cervical, pueden ser útiles la tracción y la utilización de un collarín cervical. La tracción es un procedimiento que tira de la columna vertebral para aumentar el espacio intervertebral y reducir la presión. Por lo general se aplica en el domicilio del paciente utilizando un mecanismo que estira hacia arriba el cuello y la mandíbula. Para asegurar el uso correcto del equipo correspondiente solamente el médico o el fisioterapeuta deberían prescribir la tracción. La mayoría de los síntomas se controla con este sencillo procedimiento. Sin embargo, la cirugía puede estar indicada cuando el dolor y los síntomas apuntan que puede tratarse de una lesión nerviosa grave y progresiva.

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