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26/2/10

Abrazoterapia?



¿En qué se basa la Abrazoterapia?

El fundamento científico del alto poder terapéutico del abrazo, queda marcadamente de manifiesto en el gesto de la madre cuando toma a su hijo y, al igual que en el alumbramiento o cuando le amamanta, su cerebro se encuentra segregando la maravillosa hormona de la oxitocina, conocida por ser la hormona del "apego". Gracias a ella, el bebe se siente unido a su madre y resguardado de todo peligro.
Pero todavía hay más, en el acto del abrazo no solamente actúa la oxitocina, sino que también, el abrazo activa en el cerebro la liberación de serotonina y dopamina, por lo que resulta fácilmente entendible la razón por la que experimentamos una maravillosa sensación de bienestar, sedación, armonía y plenitud en el momento del abrazo.
¡Recuperemos el poder terapéutico del abrazo!


Sin embargo y a pesar de estas maravillosas razones fisiológicas, cuando hablo de Abrazoterapia, anhelo humildemente ir aún más allá.
Lo hago pensando en los abrazos como herramientas fundamentales del lenguaje no verbal.
Este maravilloso lenguaje que no conoce de idiomas, que comunica desde la diversidad y sin distinciones, con una alta eficacia las emociones que experimenta nuestro cuerpo y, que nuestros sentimientos quieren transmitir.
"Un abrazo expresa más que 1.000 palabras"
Probada está la utilidad de los abrazos en todas aquellas situaciones en que sobran las palabras o no logramos encontrar las adecuadas.
Los abrazos que desconocen los límites del tiempo y el espacio. No tienen plazo de caducidad, pues basta con cerrar los ojos y mirar en el cajón de los recuerdos, para evocar "aquel" maravilloso momento, y así poder revivir plenamente la sensación del abrazo auténtico.
Con abrazos se tejen abrigos para el alma


¿Abrazo auténtico? ¿O mejor debería llamarlo simplemente abrazo, a secas?
Los abrazos son abrazos y los otros son pseudos abrazos, abrazos impostores que pretenden confundirnos invistiéndose de tales y no quedan más que en el frío y descarnado remedo del acto de estirar y ceñir con los brazos.
Esos no merecen ser llamados abrazos.
Esos no han nacido del corazón y, por lo tanto no están transmitiendo su mensaje.
Resulta altamente interesante, la paradojal situación de que para abrazar, no hacen falta brazos; es posible abrazar con la palabra, con la mirada, con un perfume, una melodía y es posible también abrazar/se a las esquivas olas del mar, a la caricia del viento, la tibieza del sol, la dureza de la piedra o a la sabia del árbol...
Toda la naturaleza se encuentra ávida de ser abrazada y dispuesta permanentemente a prodigarse a nosotros en un abrazo integrador en sintonía con el Universo.
Es por ello que me refiero al abrazo de forma literal, pero también y fundamentalmente de manera metafórica.
El abrazo más que una aptitud es una actitud, una posición frente a la vida.
Podría decirse que estamos refiriéndonos a una forma de ver, a una filosofía de vida.
Es el preguntarnos: de qué forma me estoy relacionando conmigo mism@ y por lo tanto, de qué forma estoy relacionándome con el mundo.
Cuál es mi percepción de la vida...
Porque implica también la responsabilidad de asumirnos como co-creadores de nuestra realidad. En todo momento.

¿En qué nos puede ayudar la Abrazoterapia?

Los Abrazos, dicho así a secas pero con mayúscula, son fácilmente reconocibles ya que sus beneficios son inmediatos:
  • Nos rescatan de la soledad y el aislamiento. No estamos solos, no somos el centro del Universo. Somos el Universo.
  • Guían el auto conocimiento potenciando la autoestima.
  • Facilitan los desbloqueos físicos y emocionales.
  • Nos permiten vivenciar la integración de cuerpo, mente y emociones.
  • Nos ejercitan en la empatía.
  • Nos sitúan plenamente en el Aquí y el Ahora.
  • Favorecen la comunicación afectiva con nosotros y con el otro.
  • Estimulan la gratitud.
  • Despiertan la creatividad.
  • Impulsan a una actitud pro-activa en la vida.
  • Conectan con la intuición.
  • Favorecen el entrenamiento de respuestas asertivas.
  • Devuelven la ilusión, la alegría y el buen humor, puesto que la risa es su fiel compañera.
  • Le brinda reconocimiento y protección a nuestro "niño interior".
  • Potencia  a la resistencia.

Origen e historia de la Abrazoterapia

Los orígenes de la Abrazoterapia como tal son tan antiguos como el hombre. Existe desde aquella primera madre que al recibir a su hijo, lo coge entre sus brazos atrayéndolo tiernamente hacia su pecho y le sostiene dándole protección. Una protección que todos tendemos a recrear a lo largo de la vida. Sea ofreciendo o buscando unos brazos amorosos.
Compartiendo en definitiva un abrazo de homenaje a la Vida.
Por todo ello, te propongo que en vez de construir muros que lejos de protegernos, nos sumen en la incomunicación, construyamos entre todos puentes de Abrazos por los que transiten libremente las emociones.
¿Cuántos abrazos has compartido hoy?. Te quiero porque te abrazo.
Lía Barbery
Coach Personal - Abrazoterapeuta, Creadora del Sistema Neurocoaching®
Autora del libro: “El Lenguaje de los Abrazos” Mandala 2007



Caricias, abrazos, saludos... un lenguaje muy valioso
Cuando somos bebés, no manejamos las palabras porque no hemos tenido tiempo de aprender el lenguaje verbal. El que utilizamos es el no-verbal: el contacto físico, la proximidad o distancia, el llanto, la risa, los gestos.... Conforme pasan meses y años, aprendemos y usamos el lenguaje verbal, que acabará predominando en nuestras comunicaciones. Pero las palabras no deberían sustituir al lenguaje no-verbal, porque ésta aporta prestaciones que no están al alcance de las palabras. Pensemos en ese gesto que nos informa mejor del estado de ánimo de nuestro interlocutor que cualquier discurso oral. O en el tono de voz de una persona deprimida que nos impresiona más que lo que dice. O en un beso romántico y cadencioso, o en una mirada cómplice, o en una sonrisa seductora o en...
Sin palabras
Tocar y acariciar es la mejor manera de expresar afecto, comprensión, amor, cercanía, solidaridad, compasión...
Dentro de los diversos tipos de comunicación no verbal, y a pesar de su potencial, la comunicación táctil es una de las que menos se prodiga. Tocar y que nos toquen, además de un estímulo placentero, es una necesidad. Nos vamos construyendo como personas en la interacción humana, forjando nuestra autoestima y sociabilidad. Y el vehículo que utilizamos para ello es la comunicación, tanto verbal como no verbal.
Las miradas, la expresión facial, la sonrisa, los gestos, el volumen, entonación e inflexión de la voz, su velocidad y claridad... conforman todo un lenguaje que no sólo complementa y enriquece el mensaje oral sino que constituye todo un abanico de elementos autónomos y con significación propia que otorgan credibilidad y fiabilidad a nuestras palabras, establecen nuestro grado de coherencia y marcan las relaciones que establecemos con los demás.
Las manos son uno de los instrumentos comunicadores por excelencia. La necesidad de que las personas vuelvan a tocarse, de que los afectos más o menos íntimos utilicen para su expresión el lenguaje de las caricias, los abrazos, los saludos, las palmaditas... la están constatando cada día más los especialistas en relaciones humanas, que han comprobado que quienes durante su infancia no recibieron caricias de sus padres son más proclives a mostrar dificultades para dar o recibir afecto, a mantener una postura corporal rígida y a las limitaciones para expresar su emotividad. Asimismo, manifiestan una tendencia a evitar el contacto físico con los demás, a verlo como algo inapropiado o "sucio". Son vistas como personas distantes, "frías". Al parecer, estas personas evidencian también una dificultad mayor del a habitual para sentirse queridas y aceptadas por lo demás. Esta incapacidad puede conllevar problemas en el manejo de sus habilidades de comunicación y en la gestión de la agresividad que todos llevamos dentro.
El tabú y los frenos
Cierto es que el "tocarse" está sujeto a tabúes, prejuicios y normas, que entorpecen que la caricia sea un hábito más en nuestro modo de expresión cotidiano. Hemos interiorizado que tocarnos el uno al otro forma parte de la comunicación erótica y que cualquier uso distinto del sexual o extremadamente afectivo podría ser mal entendido. La única excepción "consentida" es acariciar a niños con los que mantenemos relación de parentesco o gran afecto y a los adultos con lo que tenemos una relación personal muy cercana o íntima. Y no son pocos los padres y madres que cuidan mucho cuánto y dónde tocan a sus hijos, ante el temor de que sus tocamientos y caricias puedan constituir abuso o algo similar. Es, sin duda, un tema delicado. Además, niños y adolescentes se muestran ariscos o poco receptivos a las caricias de sus padres y parientes, por entender que "eso es cosa de niños pequeños" y ellos se sienten ya mayores. Y como los adultos apenas se tocan, pues ... El miedo a que se malinterprete el gesto táctil nos conduce a no usarlo y así, poco a poco, vamos descartándolo de nuestro repertorio de conductas. Por otro lado, funcionan las normas sociales que marcan tanto el espacio de proximidad que han de mantener las personas como los "tocamientos" considerados correctos. Todo dependerá de la zona y modo en que se toca y del parentesco o confianza de las personas a las que se toca. Lo peor es que establecen penalizaciones de índole moral para quien rebasa esos límites y el juicio de valor con el que se etiqueta al transgresor puede ser, cuando menos, insidioso: "es un pulpo, un zalamero que está todo el día tocando".
Así, en lo que respecta al contacto táctil, nos movemos no desde esa necesidad comunicativa sino desde pautas impuestas que asumimos como otras tantas convenciones sociales. Sabemos que tenemos que guardar ciertas formas pero hemos que asumir que tocar a los demás es un calibre de nuestra capacidad de amar y mostrar aprecio, cercanía y compresión a quienes nos rodean. Es necesario para nuestra salud física y emocional. Y deviene imprescindible para asentar nuestra autoestima porque no sólo deseamos saber que somos queridos, también necesitamos sentirlo, porque ese estímulo sobre nuestra piel significa la ratificación de las palabras, los besos, las miradas.... Tocar y ser tocados es un arte que se aprende con la práctica, que a su vez nos permitirá distinguir el toque tierno y cariñoso del curativo, del consolador, del que nos transmite seguridad o de ese otro de carácter abierta o sugerentemente sexual. Diferenciarlos ayudará a gestionar nuestras reservas y miedos y a pedir o rechazar los contactos, atendiendo al momento en que nos encontremos. La rigidez facial, la ausencia de sonrisa, la hostilidad, la falta de apertura y espontaneidad podrían tener que ver con el "hambre de piel". Es un apetito emocional que necesita ser saciado, un deseo que debemos intentar (siempre respetando al otro) satisfacer.

 http://revista.consumer.es/web/es/20020701/interiormente/48755.ph

  •  posible afirma Liliana Marasco Garrido diagnosticar Síndrome de Postpolio una enfermedad reconocida por la OMS que afirma: “Los pacientes con un historial médico de poliomielitis paralítica pueden presentar años después efectos tardíos o síndrome post-poliomielitis-paralítica”.quien pronuncie lo contrario, está fusionado en una campaña nociva que afecta a todas personas que padecen de Síndrome de Post Polio

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