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25/12/11

Toma nota y prepárate para el invierno



Toma nota y prepárate para el invierno
Cuando los gérmenes o agentes infecciosos como virus, bacterias u hongos atacan nuestro organismo es el sistema inmune el encargado de protegernos. Este sistema posee una “memoria” gracias a la cual elabora un defensa más fuerte en contra de los antígenos con los cuales una vez ya se puso en contacto. Así cuando el sistema defensivo se vuelve a enfrentar con un microorganismo conocido tiene más capacidad de eliminarlo. Sin duda, tener un sistema inmune más potente es la mejor protección contra las enfermedades.


Alimentos que contribuyen a aumentar las defensas
Sin duda el buen dormir y la alimentación equilibrada son indispensables para mejorar el sistema inmune. Aquí señalamos algunos alimentos que cumplen una función importante en este sentido.

-La leche materna es el primer gran aporte al sistema inmunológico del niño. Le transfiere inmunoglobulinas y enzimas como la lisozima, protectora frente a las infecciones. Con respecto a las fórmulas infantiles, también se les añade lisozima, aunque carecen de las inmunoglobulinas que contiene la leche materna. 
-El aceite de oliva, es muy rico en vitamina A, que aumenta las defensas del organismo.
-Las frutas y verduras crudas. Por su contenido en vitaminas, minerales y fitonutrientes. 
-Los yogures. Las bacterias que contiene el yogur contribuyen a mejorar nuestro sistema inmunológico.
-Otros alimentos como la cebolla, el zapallo, las zanahorias, el polen, la miel, el perejil, la palta, los tomates y el pescado. 

Una opción natural

También en la medicina natural existen plantas que ayudan a fortalecer nuestras defensas. La más conocida es la Equinácea. Su principal virtud radica en sus propiedades antimicrobianas en contra de bacterias, hongos y virus que la configuran como un antibiótico natural. La razón de esta propiedad se debe a su capacidad para estimular el sistema inmunitario, produciendo más glóbulos blancos.

Otra alternativa natural es aumentar el consumo de vitamina C, de vital importancia para el buen funcionamiento del sistema inmunológico. Esta se puede encontrar en muchas frutas y verduras y es importante destacar que una persona que se alimenta correctamente recibe todas las vitaminas necesarias y no necesita suplementos alimenticios.

Alimentos funcionales: probióticos

Los alimentos funcionales son alimentos enriquecidos que no sólo aportan a quien los ingiere beneficios meramente nutricionales sino también otros que le permiten mejorar su salud. Este es el caso de los probióticos, además de nutrir a quien los consume, colonizan el intestino modificando positivamente la flora intestinal y mejorando el funcionamiento del sistema inmune y, por tanto, la salud global del organismo. 

Las Defensas Inmunitarias
Entre los principales agentes de nuestras defensas antiinfecciosas, hay que citar ante todo a los linfocitos que pertenecen al grupo (son entre el 15 y el 20 %) de los glóbulos blancos. Hay dos grandes tipos de linfocitos: los "B" y los "T"; uno y otro provienen del centro de la médula ósea pero cumplen destinos y roles diferentes.

Los linfocitos "B" son verdaderas tropas de choque, que se presentan primero ante todo agresor (microbios, virus, toxinas o sustancias extrañas) y son denominados antígenos.

Frente a estos huéspedes indeseables, se transforman en plasmocitos de combate. Durante la batalla, que entonces comienza a librarse, se forman con ciertas moléculas proteínicas presentes en el suero sanguíneo, llamadas globulinas, unas sustancias defensivas específicas de cada antígeno considerado. Estas sustancias forman inmunoglobulinas, más conocidas bajo el nombre de anticuerpos y están subdivididas en muchas clases, según sus actividades propias y sus lugares preferenciales de acción.

Por su parte los linfocitos "T", tienen una vida más larga, migran en principio hacia el timo, pequeño órgano glandular situado en el tórax detrás del esternón, luego circulan en la sangre donde se acumulan hacia el bazo y los ganglios. Intervienen en las infecciones intracelulares y se sub-dividen en linfocitos T citotóxicos , es decir en los asesinos de las células infectadas por un virus. Estos linfocitos son los agentes de la inmunidad celular.

Finalmente, están los otros combatientes del gran ejército antiinfeccioso: los macrófagos. Son también glóbulos blancos pero de gran tamaño y con una gran movilidad, que les permite llegar a todos los lugares del cuerpo. Tienen la capacidad de englobar y digerir los residuos celulares y en particular aquellos de origen microbiano. Son los que terminan barriendo el campo de batalla.

Estos diferentes combatientes de nuestro sistema inmunitario, -linfocitos, inmunoglobulinas o macrófagos- permiten neutralizar y luego aniquilar a los gérmenes agresores.

Pero si están débiles, la infección se desarrollará y será necesario recurrir a los antibióticos. Por eso es importante mantener y multiplicar todas estas diferentes armas antiinfecciosas. Con más razón si se acerca el invierno.


Las bajas temperaturas de este invierno provocaron muchos más malestares en los chilenos: mayor cantidad de resfríos, gripes y molestias propias de la época invernal. Para evitar las defensas bajas, una buena medida es preocuparnos por nuestra alimentación.

Si se siente más cansado de lo habitual, siente dolores musculares sin haber practicado ejercicio, su cabello debilitado, e incluso presenta  lesiones en los labios, su organismo esta dando señales de que sus  defensas están bajas.
De acuerdo a Rafael Jiménez, nutricionista, el cuerpo siempre está expuesto a distintas enfermedades causadas por agentes como virus y bacterias. Por eso es importante saber cómo fortalecer el organismo con una alimentación sana y equilibrada. Las defensas se pueden resentir tanto por un exceso de energía (como es el caso de la obesidad), como por un déficit energético (desnutrición), teniendo más posibilidades de contraer enfermedades infecto contagiosas, aclara el especialista.

La Importancia
 de una Alimentación Equilibrada
Quienes siguen dietas de menos de 1.200 calorías al día u otras de mayor número de calorías pero desequilibrados, pueden hacer disminuir la función inmunológica.
Según explica Rafael Jiménez, hay nutrientes que no pueden obviarse ya que el organismo es el que se resiente y sobre todo nuestro sistema inmune.  Al mismo tiempo aclara que no sólo es cuestión de cantidad sino también de calidad.
Las personas cuando hacen dieta, lo primero que restringen  son las grasas. Si bien esto es importante para el controlar el peso, también influye en el funcionamiento del sistema inmunológico. La procedencia o calidad de las grasas que introducimos en nuestra alimentación es sumamente importante.
Lo fundamental es disminuir el consumo de grasas saturadas e incluir en nuestra dieta grasas esenciales como por ejemplo la que nos aportan los pescados, frutos secos, aceite de oliva, pepita de uva  o girasol,  de manera de asegurar un aporte equilibrado de diferentes aceites esenciales para el organismo.
El consumo de frutas y verduras, también  se debe potenciar en esta época del año, ya  que son ricas en  vitaminas y minerales, y fortalecen nuestro sistema inmunológico. “Asegurarse de seguir una dieta balanceada que incluya variedad de alimentos en las cantidades adecuadas es lo primordial para fortalecer de forma natural nuestro sistema inmunológico”.
Vitaminas y Minerales que no Pueden Faltar
La Vitamina C: aumenta la producción de interferón (sustancia celular que impide a una amplia gama de virus provocar infecciones), por lo que la inmunidad se puede potenciar. Además, esta vitamina es necesaria para formar colágeno, un componente esencial de las membranas de las células, por lo que la vitamina C contribuye al mantenimiento de las barreras naturales contra las infecciones.
El kiwi, mango, piña, caqui, cítricos, pimientos, tomate, verduras de la familia de la col, frutas y hortalizas en general, tienen vitamina C.
Vitamina E: diversos estudios han demostrado que aumenta la respuesta inmunológica La encontramos en cereales de grano entero (pan, arroz y pastas integrales), aceites de oliva, vegetales de hoja verde y frutos secos.
Vitamina A: representa un papel esencial en las infecciones y en el mantenimiento de la integridad de la superficie de las mucosas (barreras naturales contra las infecciones).
El hígado, mantequilla, huevo y lácteos completos aportan gran cantidad de vitamina A.
También se encuentra en verduras de color verde, rojo, anaranjado y amarillo y algunas frutas como las cerezas, melón y sandía.
Otras vitaminas: se han descrito alteraciones del sistema inmunológico asociadas al déficit de vitaminas del grupo B. El complejo vitamínico B aparece en la mayoría de alimentos de origen vegetal (verduras, fruta fresca, frutos secos, cereales, legumbres) y en los de origen animal (carne y vísceras, pescado y marisco, huevos y en los productos lácteos).
Flavonoides: son antioxidantes y ayudan a neutralizar los radicales libres, sustancias dañinas para el organismo. Están presentes en semillas de vegetales y frutas,
verduras de hojas verdes, frutas rojas, moradas y cítricos. Tienen un efecto terapéutico para un alto número de enfermedades como algunas cardiopatías, arteroesclerosis y algunos tipos de cáncer.
Hierro: el déficit de hierro es más frecuente en jóvenes y embarazadas; disminuye la proliferación (multiplicación y crecimiento) celular y la respuesta inmunológica.
Se encuentra en el hígado, carnes, pescado, huevo y, en menor proporción en los  lácteos.
Zinc: la carencia de zinc es relativamente frecuente en niños, mujeres embarazadas, madres lactantes, ancianos y personas vegetarianas o que realizan dietas bajas en calorías. El consumo habitual de tabaco también se puede considerar factor de riesgo de déficit.
Su carencia afecta fundamentalmente a órganos linfoides (que producen linfocitos) y a la respuesta inmunológica.
Se encuentra en mariscos, hígado, semillas de calabaza, quesos curados, legumbres y frutos secos, cereales completos, carnes, pescados, huevos y lácteos.
Selenio: el déficit de selenio afecta a la inmunidad, estando disminuida, entre otros, la actividad bactericida, la respuesta de los anticuerpos frente a ciertos tóxicos y el desarrollo de linfocitos.
Se encuentra en la carne, pescado, marisco, cereales, huevos, frutas y verduras.
Rafael Jiménez, Nutricionista nos aconseja:
Seguir una dieta variada y equilibrada, basada en frutas y verduras idealmente crudas ya que son los que nos aportan vitaminas y minerales esenciales a nuestro organismo.
  • Mejorar los hábitos alimentarios es fundamental. Jamás realizar una dieta sin supervisión médica y menos las llamadas dietas Express y mágicas que se ofrecen en el mercado ya que está comprobado que sus efectos son nefastos para la salud. El cuerpo requiere de una alimentación balanceada para funcionar bien.
  • Beber todos los días entre seis y ocho vasos de agua.
  • Dormir el suficiente número de horas para favorecer el correcto funcionamiento de nuestro sistema de defensas también es fundamental.
  • Finalmente señala que algunos hábitos como el cigarrillo, abuso de alcohol y otras drogas, como la automedicación y el sedentarismo contribuyen a la presencia de enfermedades vinculadas a la depresión inmunológica.
  • infecciones T
  •  
    El sistema inmunológico del cuerpo lo protege contra las enfermedades y las infecciones. Pero, si tiene una enfermedad autoinmune, su sistema inmunológico ataca células sanas en su cuerpo. Las enfermedades autoinmunes pueden afectar muchas partes del cuerpo. Estas enfermedades tienden a ser hereditarias. Las mujeres - particularmente las afroamericanas, las hispanoamericanas y las indias norteamericanas - presentan un mayor riesgo de sufrir enfermedades autoinmunes.
    Existen más de 80 tipos de enfermedades autoinmunes y algunas tienen síntomas similares. Eso dificulta que su médico sepa si usted realmente padece de una de estas enfermedades, y en caso de padecerla, de cuál de ellas se trata. Hacer un diagnóstico puede resultar frustrante y estresante. En muchas personas, los primeros síntomas son cansancio, dolores musculares y poca fiebre.
    Las enfermedades también pueden hacerse más agudas, momentos en los que empeoran, y remisiones, cuando desaparecen los síntomas. Estas enfermedades no suelen curarse, pero pueden tratarse los síntomas.
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CODIGO G "14" El pasado mes de febrero de 2009 y como resultado de la reunión anual del Comité de Revisión y Actualización de la Organización Mundial de la Salud, (OMS) que tuvo lugar en Delhi, durante el mes de octubre de 2008, la Clasificación Internacional de Enfermedades, en su versión 10 (ICD-10) ha adjudicado un lugar específico al Síndrome Post-Polio (SPP) clasificándolo bajo el código "G14" y excluyéndolo del código B91 (Secuelas de poliomielitis), en el que antes ese organismo lo consideraba abarcado. Más informes www.postpoliolitaff.org

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