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30/3/15

Ondas cerebrales Alfa y Beta - Meditación con música


Cuando nos relajamos, nuestras mentes literalmente se vuelven más lentas, algo que es fácil de comprobar porque no pasamos de una idea a otra con tanta rapidez. Es conveniente llamar «alfa» a este estado, dado que las ondas cerebrales alfa (entre 7 y 14 ciclos por segundo) son dominantes cuando nos relajamos. Las ondas cerebrales más rápidas (14 a 30 ciclos por segundo) se llaman «beta». Éste es generalmente nuestro estado mental activo. Las ondas cerebrales del sueño se llaman theta y delta. 


El estado alfa tiene una calidad mental muy clara que podemos aprender a cultivar. En alfa, el sentir predomina sobre el pensar y somos mentalmente receptivos más que activos. Nuestra atención se centra más en el presente que en el pasado o futuro. El estado alfa es un estado que acepta y no enjuicia. 


Reconocimiento de estados mentales más profundos 
La meditación extiende las fronteras de la conciencia. Comenzamos a familiarizarnos con los alrededores de la conciencia, particularmente con los estados más cercanos al sueño. Esta progresión tiene una descripción clásica: 


1. Ser consciente estando despierto. 
2. Ser consciente estando relajado. 
3. Ser consciente en estado de sueño. 
4. Ser consciente en un estado sin sueños. 


Notaremos que a medida que nuestro metabolismo se hace más lento, nuestro estado mental también cambia. En beta, nuestro estado despierto habitual, la mente es como un saltamontes, pues está constantemente pensando, hablando, en completa actividad y «en escena». Nuestro cuerpo se siente sólido o tenso y mantenemos nuestros sentimientos más tiernos en la periferia. 


Cuando estamos relajados y en alfa, la actividad de la mente parece más lenta. La mente va y viene, ve imágenes o colores, incluso fantasías. Experimentamos el cuerpo directamente como sensaciones que aparecen y desaparecen: dolores y molestias, suaves cosquilieos, etc. 


Cuando la mente se aproxima al sueño se vuelve «irracional». A veces aparecen fugazmente imágenes soñadas o viejos recuerdos, incluso revelaciones inesperadas («¡Ah, ya sé dónde dejé las llaves del coche!»). Las preocupaciones del día se borran y sentimos el cuerpo pesado o liviano, o flotando, incluso puede dar la sensación de desaparecer completamente. La sensación del cuerpo es muy diferente respecto de la que tenemos en el estado beta. 


A medida que nos acercamos a esta situación de «cuerpo dormido, mente despierta» se hace más difícil permanecer alerta, pero no es sorpréndente porque llevamos encima décadas de condicionamiento que nos hacen caer dormidos al llegar a este punto. Permanecer despierto significa romper un hábito muy arraigado y también tenemos que estar convencidos de que merece la pena. 


¿En qué punto se pierde la conciencia? Algunas personas se quedan dormidas en las primeras etapas del estado alfa, pero si logramos permanecer despiertos a medida que el cuerpo se aproxima al sueño, las recompensas son infinitamente mayores. 


¿Se ha despertado alguna vez sintiéndose milagrosamente vivo y lúcido? Sabe que ha tenido un sueño maravilloso, aunque no lo recuerde para nada. Quien lo sabe es alguna parte de usted. La situación de «cuerpo dormido, mente despierta» es así. 

Es bueno para la salud sentirse más relajado en la vida diaria, pero la curación profunda es más probable que ocurra en la situación de «cuerpo dormido, mente despierta». Las ansiedades crónicas que nos persiguen, despiertos o dormidos, no están presentes en este estado. Las causas psicológicas de la mala salud quedan cortadas de raíz. El mecanismo de autocuración de toda la psique se pone en acción, al menos en esos momentos. 
Ondas cerebrales Alfa y Beta - Meditación con música



Nuestros pensamientos afectan a nuestros cuerpos de forma instantánea; es algo que notamos enseguida cuando meditamos: algunos pensamientos nos aceleran, otros nos aplacan. Si queremos relajarnos, una ayuda es reconocer los pensamientos, o estados mentales, que permiten que esto suceda. 


Con la práctica, rápidamente aprendemos a reconocer las señales físicas de la relajación. El cuerpo se siente pesado y flojo, la piel nos cosquillea, la respiración es ligera, etc. El paso siguiente es saber qué es lo que está pasando mentalmente, para lo que resulta útil conocer cuándo la mente está en el estado de ondas mentales alfa y cuándo está en beta. 


La mente emite impulsos eléctricos continuamente y éstos se clasifican según su frecuencia. Al estar despiertos las ondas cerebrales siguen ritmos más rápidos (13 a 30 ciclos por segundo) y se llaman beta; los ritmos más lentos ( se llaman alfa. Los ritmos del sueño son theta y delta. Estos diferentes estados mentales tienen funciones muy diferentes. 


El estado mental beta es activo y pensante, es un estado ocupado. Normalmente estamos en beta la mayor parte del tiempo que estamos despiertos. En el estado mental beta podemos pensar, hablar, manejar muchos estímulos diferentes a la vez y especular sobre hechos pasados y futuros. Está asociado con el lado izquierdo de la mente. 


El estado mental alfa es lo opuesto. Es relajado, un estado receptivo, de sensaciones. Cuando los sentidos superan a los pensamientos (al morder un melocotón, por ejemplo, o al escuchar la lluvia), estamos en alfa. 


Cuando sentimos una emoción «en las tripas» en lugar de pensar en esa emoción, es que alfa predomina. El estado alfa se da con mayor probabilidad en el presente, en los sentidos y en contacto con nosotros mismos y lo que nos rodea. Está asociado con el lado derecho de la mente. 


En alfa, «somos» más que «hacemos». Se da cuando nos abrimos y permitimos que el mundo entre (y nuestros propios sentimientos también). Es más pasivo, vulnerable y confiado, como el estado mental de un niño pequeño. 


Cuando «hacemos», nuestra atención se dirige hacia fuera. Es cuando respondemos a lo que nos rodea y tratamos de cambiarlo. Esto es más cansado que la pasividad de alfa. Necesitamos tiempo en alfa para recuperarnos de beta. 


En pocas palabras, alfa es cuando sentimos y beta es cuando pensamos. Alfa es en el presente, beta es en el pasado o el futuro. Alfa está en contacto con el aquí y ahora, beta está en contacto con los conceptos. Alfa es mentalmente receptivo y beta es mentalmente activo. 


Se hacen valoraciones extravagantes con respecto a alfa. A veces se le llama estado «superconsciente» y son muchos los seminarios de formación mental que dicen que lo necesitamos para los poderes psíquicos, el autodominio y conseguir lo que queremos de la vida. Sin embargo, es un estado completamente ordinario. Todos nosotros pasamos tal vez una hora o dos en el estado alfa todos los días. 


Alfa generalmente tiene lugar justo antes y después del sueño. En ese momento en el que nos tendemos en la cama después de un largo día, los pensamientos se dispersan. Notamos los pequeños dolores del cuerpo, las sábanas frías. Estamos ahí, en los sentidos, en el presente. 


Cuando estamos relajados y conscientes, probablemente estamos en alfa: caminando por el parque, escuchando música, arreglando flores. Es cuando nos relajamos con una taza de té y soñamos despiertos, o estamos absortos en una manualidad. Es probable que estemos en alfa cada vez que «nos perdemos» en algo hermoso o fascinante. 


Alfa y beta pueden darse juntos, pero tienden a eclipsarse entre sí. Podemos cambiar de un estado a otro muy rápidamente, como en una escala móvil. En cualquier momento podemos estar en un estado alfa-beta en proporción 80/20 o viceversa. 


Si usted está hablando con un amigo, probablemente está en beta. Intentará escuchar, al mismo tiempo, la música que suena al fondo, pero no lo logrará del todo, porque la mente estará en la función hablar, no sentir. Oirá la música, pero como si fuera un ruido estático. En cambio, si le dijera a su amigo «Escuchemos la música», la dificultad desaparecería. El diálogo se acaba, las ondas mentales se vuelven más lentas y pasan de beta a alfa y usted podrá conectar con la música completamente. 


Cuando usted muerde una manzana, el sabor inunda su cuerpo. Usted está allí, en el presente, en los sentidos, en alfa. Pero un momento después puede pensar «Estas manzanas son muy buenas, compraré más». Aunque todavía esté comiendo la manzana, su mente ya no estará completamente allí. Se estará hablando a sí mismo y la mente está entonces en el futuro, en beta. 


Hablar y pensar pueden resultar acciones excitantes y estimulantes, pero rara vez relajantes. La forma más rápida de relajarse es cambiar el interruptor mental de «activo» a «pasivo», o dicho de otro modo, cambiar de pensar a sentir. 


Pasamos una hora o dos al día en estado alfa. Debido a que es un estado relajado, tendemos a entrar y salir de él con muy poco control. Con la meditación, aprendemos a reconocer este estado y conscientemente lo profundizamos. Si estuviéramos conectados a un electroencefalógrafo, veríamos que las ondas alfa se vuelven más grandes y armoniosas. Hay muchas maneras de reconocer si estamos en alfa o no, pero las más comunes son las siguientes. 


relajacion


Sensaciones aumentadas 
«Cuando abro los ojos, todos los colores parecen brillantes, como si la lluvia los hubiese lavado». 
«Esas flores son muy hermosas. Es como si las viera por primera vez en mi vida». 
«No me había dado cuenta de lo cansado y dolorido que estaba hasta que comencé a relajarme». 


Sentimientos aumentados 
«En la meditación me di cuenta de lo mucho que amaba y valoraba a mis hijos». 
«Me di cuenta que seguía sintiéndome molesto por un incidente en el trabajo que yo pensaba que ya había superado». 
«Me sentí muy emocionado en esa meditación. ¿Es normal?» 

El tiempo se hace más lento 
«Escuché cada una de las notas de esa música, incluso los silencios entre ellas. Resonó por todo mi cuerpo». 
«Parecía que la respiración se hubiera detenido mucho rato. Probablemente sólo fueron unos segundos, pero a mí me parecieron años. Fue un placer. No quería volver a respirar». 
«¿Esta meditación ha durado 30 minutos? ¡A mí me parecieron cinco!». 


Estado mental pasivo y receptivo 
«Oía a una persona toser, pero no me molestaba. Afloraron varios pensamientos incómodos, pero logré dejarlos de lado y simplemente se alejaron». 

«Cuando dejé de buscar resultados, la sensación fue muy buena. Pero intenté permanecer alerta y me di cuenta de un montón de cosas extrañas que antes nunca había notado, como el sonido de mi respiración...». 


Estos efectos al principio pueden resultar obvios en una meditación, pero gradualmente pasan a formar parte cada vez más de la vida diaria. Las personas que practican la meditación en general hablan de:


• Un mayor disfrute del mundo de las sensaciones 
• Una vida emocional más profunda y variada 
• Una sensación de tener tiempo suficiente 


El secreto es, simplemente, pasar más tiempo cada día en alfa, ya sea practicando la meditación o no. Mis días generalmente están muy ocupados y antes de las clases vespertinas me gusta disponer de un poco de tierno para mí. Invariablemente voy a caminar a Kings Park, enfrente de mi trabajo. Esta es mi meditación: observar a los pájaros saltando entre las flores de los árboles, libando el néctar; sentir la humedad en el aire después de un chaparrón; mirar los rayos de sol que salen de detrás de una nube. 


Para mí son los mejores momentos del día. Están plenos de sensaciones profundas, de sentimientos profundos. No están en el tiempo, aunque sé que pronto cruzaré la calle otra vez y volveré al trabajo.Simplemente pasear por el parque unos minutos a la puesta del sol es como recoger la recompensa de un cuarto de siglo de practicar la meditación. 

meditacion


Meditación básica: Música 

Si su objeto de meditación es la música, las instrucciones habituales son válidas. Relájese, concéntrese en la música y cuando la mente se distraiga, tráigala otra vez a la concentración. 


Muchos de nosotros usamos la música como muzak, o sea, nos relajamos flotando junto con ella. Sin embargo, separarse del resto del mundo a través de la música no es meditación, sino una forma de relajación en la que la mente no está muy lúcida. 


La meditación con música se parece más a asistir a un concierto. Si nos gastamos un buen dinero en la entrada, está claro que queremos concentrarnos en la música, y si lo logramos, disfrutamos mucho más porque reconocemos detalles de riqueza y color que de otro modo no notaríamos. La música es más probable que evoque imágenes o sensaciones que pueden profundizar nuestra concentración (si no permitimos que nos distraiga). 


A menudo me preguntan: «¿Hay alguna música que sea mejor para la meditación?». Cualquier música no cantada sirve. Puede ser rápida, lenta, tranquila o apasionada, pero con alguna característica que atraiga a la mente. Yo medito frecuentemente escuchando música compleja rápida, pero es más importante la calidad de la concentración que la música en sí. 


La música de relajación o tipo New Age generalmente es demasiado insustancial para la meditación. Puede dar lugar a una mente soñadora en lugar de concentrada, pero aun así, puede ser útil para crear un ambiente mientras que usted medita sobre otra cosa. 




Instrucciones 


Revise su postura y respiración durante un minuto o dos. Ponga su mente en estado alfa antes de que la música comience. 


Haga sonar la música y disfrútela. Observe detalle y color. Si espontáneamente aparecen imágenes o colores, úselos para profundizar la meditación. Sienta la música resonar dentro del cuerpo. Pregúntese de vez en cuando «¿Estoy todavía con la música?». Tenga presente cuando se siente alejar. Observe la especial calidad «viva» de esos momentos cuando está completamente con la música. 


Cuando la música deje de sonar, vuelva a usted mismo. ¿Se ha relajado completamente, o está un poco nervioso? ¿Está aguantando la respiración, o es suave y floja? Cuando se sienta absolutamente en contacto consigo mismo, salga de la meditación. 
- Texto extraido del libro Aprenda a meditar de Eric Harrison 

CODIGO G "14" El pasado mes de febrero de 2009 y como resultado de la reunión anual del Comité de Revisión y Actualización de la Organización Mundial de la Salud, (OMS) que tuvo lugar en Delhi, durante el mes de octubre de 2008, la Clasificación Internacional de Enfermedades, en su versión 10 (ICD-10) ha adjudicado un lugar específico al Síndrome Post-Polio (SPP) clasificándolo bajo el código "G14" y excluyéndolo del código B91 (Secuelas de poliomielitis), en el que antes ese organismo lo consideraba abarcado

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